// Viajar Social
// Buscar
// Social

Dublín

Dublin

Dublin

Dublin

Dublin

No sé si os acordáis (yo he estado a punto de olvidarlo) que tenemos un blog en el que nos gusta hablar de nuestras cosas y en el que prometimos contaros qué tal nos fue por la capital de Irlanda. Creo que ya ha pasado el tiempo suficiente para poder decir que el regusto que me ha dejado Dublín ha sido más que agradable. Vamos, que me ha gustado bastante la ciudad, aunque en realidad sólo conociéramos la “zona bonita”. Paso a remarcar aspectos concretos del viaje:

Bares. Madre mía qué cantidad de bares. Qué cantidad de bares grandes. Qué cantidad de bares grandes y bonitos (y baratos). Creo que el pub más pequeño en el que estuvimos tenía por lo menos dos plantas y tres o cuatro salas. Muy fan me declaro desde entonces de uno llamado The Church, una iglesia transformada en un impresionante bar-restaurante, y de otro llamado Café en-Seine, quizás uno de los más bonitos que he visto nunca. Por supuesto destacar también los típicos pubs y el Temple Bar en concreto, un sitio muy guay. Y en todos los sitios música bastante molona (Vampire Weekend en un bar cualquiera de Madrid? Sueñas. El Seven Nation Army tocado en directo? Deliras.)

Comer. Porque no todo es beber. Otra vez, pegabas una patada a una piedra y te salían multitud de restaurantes muy interesantes, de todos los estilos y variedades. Y, para estar en el núcleo turístico, bastante bien de precio (siempre que bebieras agua, que en la bebida estaba la clavada). Un perrito callejero (que me pareció delicioso), una hamburguesa (con resaca, lo que le da +1000 de sabor), un restaurante hispano-italo-mexicano, un fish & chips muy rico y un coreano que no sabía a chino como en Madrid. Vamos, que comimos como señores.

Turismo. Dublín, turísticamente hablando, se ve en poco más de un día. Puentes como el del Penique (que cruzábamos todos los días), la Estatua de Molly Malone, el Trinity College (donde nos falto ver el libro de Kells, que es que costaba un dineral), Grafton Street (abarrotada de paseantes), el Memorial de Oscar Wilde, la estatua de James Joyce (que encontramos por casualidad), el Spire (que sí que mola mucho, no como lo de Calatrava) y todo O’Connell Street, las catedrales de San Patricio y Christchurch. Un poco decepcionante el Castillo de Dublín, aunque el parque que tiene lo salva un poco. En definitiva, poco pero bonito.

Verde. Todo Dublín y toda Irlanda es verde. Cualquier parque es de esos típico de enormes extensiones de un césped que para sí quisiera el Santiago Bernabeu. St. Stephen’s Green y Merrion Square Park son dos parques taaan bonitos y tan agradables y tan guays para pasear y para sentirse bien que no sé qué más decir salvo que son visita obligada. Ese césped es tan perfecto y está tan por todos los lados que uno, como habitante del páramo castellano, se queda pasmado y embelesado.

Howth. Es un pequeño pueblo pesquero a unos 30 minutos en tren de Dublín. Está cerca, es bonito, sus restaurantes de pescado y marisco son magníficos (allí comimos el fish&chips). Y tiene focas, cebadas hasta el límite, para ver, cosa que no todos los que van consiguen y para lo que nosotros no tuvimos problemas. Si se tiene tiempo es una excursión guay para hacer, porque está cerca y porque de repente te sumerges (de nuevo, somos de Madrid y se nota) en una pequeña y coqueta villa pesquera con sus gaviotas y sus olas y su faro y sus olas. Muy bucólico todo, eso sí.

Pintas de Guinness. Cerveza negra allá donde vayas, tirada con clase y a precios muy asumibles. Eso es un reclamo turístico muy importante, no en vano, esta empresa cervecera es uno de los pilares económicos del país. N0 puedes ir a Dublín, entrar a un pub y no tomarte una pinta de Guinness. Y hablando de pintas, el mundo es mejor en formato “pinta”, eso es así. Nos falló la visita a la Guinness Storehouse, visita obligada, porque llegamos 15 minutos tarde al último pase. Fue quizás lo peor del viaje, por las ganas que teníamos tanto Javi como yo eran muchas. Porque desde fuera ya es algo espectacular, así que no quiero saber cómo será dentro. Así ya tenemos excusa para volver.

Españoles por el mundo. Allá donde vayas, siempre habrá otro grupo de españoles. Fíjate en aquellos que hablen alto y esos son nuestros compatriotas. En el tren a Howth, en el Café en-Seine, en la Guinness Storehouse, en el Temple Bar, en todos los lados.

Irlandeses. Qué decir de los irlandeses aparte de que beben como cosacos y de que las irlandesas siguen el estilo inglés de vestirse como cerdas. Bajo nivel, por cierto, entre las irlandesas, aunque la que sobresalía, sobresalía bastante. Aún así, conocimos más coreanos y brasileños que irlandeses. Muy maja, por cierto, toda la gente de todos los países que conocimos en esos tres días.

Lluvia. Con el tiempo tuvimos bastante suerte ya que solamente nos llovió el último día, y sin ser una lluvia torrencial. No era lo normal, y todavía no sabemos a qué se debió esa suerte.

Nuestra guía turística. Todo esto estuvo orquestado por Diana, que ejerció de cicerone en nuestra visita a la isla. Nos llevó a bares guays, nos dijo en qué restaurantes comer bien, nos orientó, nos contó curiosidades y nos cuidó durante los tres días. Una grande.

Sé que se me olvidan muchas cosas, pero creo que para retomar el ritmo de publicación no está mal. Todas las fotos que hice con mi cámara (porque hice bastantes con la de Javi) las tenéis en mi set de flickr sobre Dublín. Creo que alguna hasta os puede gustar.

Escrito por rubenvike @ julio 6, 2010 Sin comentarios

¿Dublín o el paraíso de los bares?

COmo ya os comentó rubenvike en el anterior post, hace una semanita nos decidimos a visitar a nuestra amiga Diana, que está en Dublín luchando por aprender ese pedazo de inglés que tienen los dublinenses. Así que Almu, rubenvike y yo nos pillamos un vuelo para estar allí el finde semana.

Y el finde empezó fuerte porque a la llegada Diana nos estaba esperando ansiosa por llevarnos a beber. Nosotros queríamos cenar, pero no nos dejaron y directamente a los bares nos fuimos. La primera noche ya nos quedamos flipando con las dimensiones de los bares. Cada uno de los que entramos eran más grandes que cualquiera de las zonas de bares de Madrid. Está claro que Dublín vive de sus bares porque la cantidad y calidad deja alucinado a todos. También conocimos a los amigos de Diana: Davide, Lola, etc. Todos muy majos y abiertos a hablar con nosotros. Ayudó bastante que eran casi todos españoles o itaianos y nos entendíamos.

Viaje a DublínViaje a Dublín

La noche fue pasando, las pintas iban cayendo, sobre todo de Guiness, la cerveza por excelencia de Irlanda. Incluso la fábrica de Guiness, que está en Dublín y que no pudimos ver, se ha convertido en la atracción turística más importante de la ciudad. Luego nos pasamos a las Heinekens porque no hay quien tome tantas Guiness, ¡si es que se pueden masticar! La noche duró mucho, casi hasta las cinco de la mañana, y eso es bastante cuando ni habíamos cenado ni habíamos descansado del viaje en avión.

Al día siguiente, bastante resacosos nos levantamos para ir a visitar Dublín. Dublín es una ciudad con zonas bastante bonitas, pero que no tiene monumentos muy característicos o importantes. Sin embargo, la zona de la Catedral de San Patricio, la calle O’connell o Dublinia son dignas de ver. Estos lugares fueron el recorrido de nuestro sábado. Unas fotillos son lo mejor para que os hagáis una idea de lo más bonito de Dublín.

Viaje a DublínViaje a DublínViaje a DublínViaje a Dublín

El sábado por la noche fue otra fiesta, más bares geniales, esta vez incluido el más mítico de todos, el Temple Bar. Ahí pudimos escuchar música en directo durante bastante rato, que es una cosa que me encanta y que en Madrid hacemos muy poco.

Viaje a DublínViaje a Dublín

Y para acabar, el domingo teníamos que ver muchas cosas, que finalmente no nos dieron tiempo. Pero si que vimos el Trinity Collegue por dentro, el Castillo, el Spire (un megapalo en medio de O’Connel), nos acercamos al puerto para ver las famosas focas de Dublín y por último llegamos a la puerta de la fábrica de Guiness, pero ya estaba cerrada…ooohh, una escusa para volver…

Viaje a DublínViaje a DublínViaje a DublínViaje a Dublín

Sólo nos quedaba la última noche por disfrutar y no dormir, ya que no teníamos hotel y el avión salía a las 6 de la mañana. Fue una noch genial, como todo el viaje. Recordaremos mucho las historias de Diana, los sustos de Almu y las focas y las fotazos de Vike. Uno de esos viajes que se recuerdan!

Escrito por javi @ junio 24, 2010 3 comentarios