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El Monumento al Soldado Soviético de Berlín

Estando de Interrail por tierras alemanas (algo que, claro, dará mucho juego en este blog) Berlín, lógicamente, es una parada obligada, durante varios días. Berlín, una de las tres grandes capitales europeas (con París y Londres), una de esas ciudades en las que hay tanto que ver, que no puedes verlo todo. Tanto que vivir, tanto que experimentar. Nosotros decidimos conocer el Berlín más de postal, el más evidente, pero también quisimos conocer algo que no recomendara una guía, algo de lo que no hubiéramos oído hablar y que nos pudiera sorprender. Y eso fue el Sowjetisches Ehrenmal im Treptower Park, el Monumento Conmemorativo a los Soldados Soviéticos en Treptower Park. Nos dijeron que impresiona. Y sí, lo hace.

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Treptower Park está situado en la ribera del Spree, en el sureste de la ciudad. Una enorme extensión verde, todo césped y árboles, llena de alemanes exprimiendo allí sus ratos de ocio echando partidillos, paseando, haciendo deporte o, simplemente, descansando. Uno de esos parques tan verdes, tan cuidados y tan bonitos en su sencillez que envidiamos aquí abajo, en el sur de Europa. Llegar allí es sencillo, a pesar de que no esté cerca (hablando de Berlín las distancias engañan), ya que a la entrada misma se encuentra la estación del S-Bahn de Treptower Park. Recorrer el parque es una delicia, pero sigue siendo un parque y poco más. Hasta que llegas a una fuente circular y decides girar a la derecha, en dirección a eso que se llama Sowjetisches Ehrenmal, y que te han vendido como algo que te impresionará.

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En ese momento avanzas y, al otro lado de una pequeña carretera, te encuentras con un arco que con la inscripción “honra a los soldados que murieron por la libertad y la independencia de la patria socialista” te señala la entrada al memorial, una senda que te lleva, bajo los verdes árboles, al primer monumento a destacar, la estatua de La Madre Patria. Una estatua de piedra de tres metros que simboliza el sufrimiento de la nación por los hijos perdidos en el combate. Una alegoría tradicional de este tipo de monumentos que refleja el sufrimiento de una nación aunque sea en pos de una causa como el fin del nazismo. Ya desde ahí, de espaldas a esta estatua, aunque no aprecias aún la enormidad del asunto, sabes que el homenaje aquí realizado es muy soviético, muy glorioso, muy impresionante en su grandeza. Muy ruso, vaya.

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Porque avanzas, y ves a lo lejos la estatua central del recinto, la del El Soldado Libertador Soviético, pero todavía no sabes lo pequeño que te vas a sentir a sus pies. Porque no parece para tanto, y porque te empiezas a dar cuenta de que ya solamente el propio recinto es algo increíble. Pero es sólo una sospecha, porque te hay algo que se lleva tu atención: dos enormes construcciones triangulares de granito rojo, la una frente a la otra, cada una de ellas con la figura de un soldado postrado, rodilla en tierra, rindiéndolas homenaje. Porque esas enormes esculturas representan, simbólicamente, dos banderas soviéticas. Dos enormes banderas que ondean manteniendo por siempre en lo más alto el orgullo y la voluntad de la Unión Soviética.

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Y al rebasar las dos banderas, uno se encuentra con la zona central de todo el monumento, el área que representa el cementerio donde descansan los soldados soviéticos caídos durante la toma de Berlín al finalizar la guerra. Una enorme plaza rectangular con cinco enormes cuadrados de cesped, cada uno rematado por una corona de flores. Una representación de los más de 5.000 soldados soviéticos que se encuentran enterrados bajo los árboles que flanquean este enorme paseo central. Además, a cada lado de este cementerio nos encontramos con 8 bloques de mármol que representan escenas de la lucha soviética en la Segunda Guerra Mundial. Luego te quedas muerto cuando te enteras que cada uno de estos bloques representa a una de las repúblicas soviéticas, y que las inscripciones en ruso (y sus traducciones en alemán) son citas del propio Stalin.

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Y rematando el monumento, ahora sí, la enorme escultura del Soldado Libertador. Una figura de 12 metros situada sobre una pequeña construcción emplazada en lo alto de una pequeña colina. Un elemento apabullante, que impresiona y empequeñece al visitante. La escultura, que rebosa épica por los cuatro costados, nos muestra a un soldado encumbrado sobre una esvástica hecha pedazos, que lleva en brazos protectoramente a una niña pequeña, y que porta una enorme espada desenfundada. La imagen es espectacular, y pone los pelos de punta, con esa carga simbólica que los soviéticos tan bien sabían transmitir en sus monumentos y en su propaganda. Es una figura que no se puede dejar de admirar, en tanto que representa lo mejor y lo peor del ser humano: las luchas, el odio, la guerra, la muerte, pero también la decisión, la resistencia, la valentía, la fuerza de voluntad, la defensa de los más débiles.

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¿Este memorial va a ser lo mejor que veáis en Berlín? Quizás no. ¿Deberíais visitarlo? Rotundamente sí. Es uno de esos lugares en los que se respira y se palpa Historia, y decir eso en una ciudad como Berlín es decir mucho. Un monumento que parece que no te va a impresionar pero que te deja boquiabierto, empequeñecido, diminuto como se sentirían los ciudadanos de la República Democrática Alemana en los actos propagandísticos que allí se realizaban. Es un cementerio, pero no es un lugar triste. Verás parejas paseando y niños jugando, gente sonriendo. Te invade el respeto a lo que representa, te pesa la carga de esos 5.000 rusos que te rodean, pero sabes que el que ellos estén allí te permite a ti estar allí, honrándoles. No verás muchos turistas, no te sentirás que estás visitando algo imprescindible, pensarás que el que sea  un lugar que aparezca destacado en las guías turísticas indica algo, pero no te equivoques. Es una visita más que recomendada, saldrás impresionado.

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Escrito por rubenvike @ junio 28, 2011 Sin comentarios

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